Política

Sentencias severas. ¿Ayudan a la seguridad?

Resumen

¿Es cierto que las sentencias más severas son la solución? Sentencias severas, o más severas es algo que muchos piden en todos los países de América Latina. Incluso más que «condenas firmes», aunque hay mucha población en las cárceles que […]

¿Es cierto que las sentencias más severas son la solución?

Sentencias severas, o más severas es algo que muchos piden en todos los países de América Latina. Incluso más que «condenas firmes», aunque hay mucha población en las cárceles que no tiene una sentencia definitiva o condena firma.

Tras años de endurecimiento de las condenas en América Latina, se ha un aumento exponencial de la población carcelaria, en su mayoría personas pobres. 

Entre 2002 y 2014, en América Latina y el Caribe la población carcelaria se duplicó, llegando a 1,2 millones. Se calcula que para el 2030 esta cifra llegará a 3,4 millones de reclusos, la mayoría relacionados con crímenes no violentos de drogas. 

Pero realmente ¿las condenas más severas han garantizado mayor seguridad?

Los datos indican que la delincuencia en América Latina y el Caribe ha aumentado en las últimas décadas. 

Y en otras partes del mundo, las investigaciones han mostrado que las sentencias más largas tienen poco o casi ningún impacto en la delincuencia.

 

Vamos a explicarlo por partes:

Lo primero a tener en cuenta es que la forma en que las prisiones reducen los delitos es manteniendo encarcelados a quienes los cometen.

La mayoría de los delitos son cometidos por hombres jóvenes, con un pico delincuencial a los 19 años de edad. 

Desde esta perspectiva, resulta difícil justificar las condenas más largas, es decir, sentencias más severas.

Además, se ha determinado que las sentencias largas no suelen ser muy efectivas para disuadir de no cometer un crimen.

Esto sucede porque quienes cometen crímenes deberían ser capaces de evaluar racionalmente los beneficios de no cometerlos frente a los eventuales costos de ser capturados.

Pero eso tipo de comportamiento difícilmente describe a personas que suelen tener bajos mecanismos de autocontrol y actuar bajo el impulso del presente.

El encarcelamiento afecta enormemente a familias pobres, que al perder su sostén económico son empujadas a una mayor pobreza. 

Además, el paso por la cárcel disminuye las posibilidades de que estas personas encuentren un empleo tras su liberación.

Así lo que podemos asegurar que el  aumento de la población carcelaria ha generado más costos, financieros y sociales, sin incidencia real en la criminalidad. 

¿Y si ese dinero se invirtiera en herramientas preventivas, como inversión social, maestros y otras políticas de asistencia y prevención?

¿Y si se pensara en condenas alternativas, como tratamiento para drogadictos y servicio comunitario por delitos menores?

 

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Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo

 

Víctimas por la paz, una alternativa a las sentencias severas

“La cárcel es como un enorme tacho de basura donde tiramos a las personas. Eso no es justicia para nadie

Una madrugada, el dueño de una juguetería se despierta ante el llamado de la policía. Su negocio estaba siendo asaltado. Al llegar al local, el hombre se encontró con tres chicos jóvenes que le habían robado unos peluches. El hombre decidió regalarles los peluches, no levantar ninguna denuncia y le ofreció ayuda a la familia para que los chicos no abandonaran el colegio.

Una patota de pibes del barrio deja entre la vida y la muerte a un joven. El padre del joven los busca y les ofrece armar una bicicletería social en el fondo de su propia casa, con el apoyo de la comunidad.

Durante un asalto, un menor de edad mata, de un tiro en la cabeza, al único hijo varón de un matrimonio. La pareja pide al juez ver al atacante. 

Es un encuentro tenso, pero al final los 3 terminan abrazados, llorarando y los padres dan el perdón al asesino.

Con historias como estas nace la idea de crear Víctimas por la Paz en el 2017.

Un espacio que nuclea a personas afectadas por delitos graves, dispuestas a promover la integración y el perdón al agresor.

Víctimas por la paz ha realizado actividades en centros de alojamiento de personas menores de edad, en unidades penitenciarias y con la comunidad en general.

Generando posibilidades de diálogo entre personas que han cometido delitos y quienes los han sufrido.

Somos personas esperanzadas y optimistas. Pero no somos cándidos ni ingenuos. No pretendemos una sociedad donde todos piensen del mismo modo que nosotros. Pretendemos consolidar este espacio, donde puedan converger las personas que se sientan identificadas y estén dispuestas a participar de una construcción colectiva. 

Así, frente a propuestas que buscan el endurecimiento de la ley penal y sentencias más severas, Víctimas por la paz demuestra que existe otra forma de posicionarse ante los conflictos.  

Sabemos que no es fácil perdonar al agresor, y mucho menos de delitos graves.

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